La niña Alba

Narración e ilustración por Enara Tarragó

Ésta es la historia de Alba.

Ella no duerme. Como nació tan cerca de la muerte, ahora no se quiere perder un segundo de la vida. En vez, durante las noches le exige a su padre que le cuente cuentos imposibles y obliga a su madre que le cante canciones inventadas. Ya van 2,190 días que ni Alba ni sus padres logran dormir.

Fue un 8 de octubre, el día 2,191 en vela, que su padre y su madre amanecieron completamente mudos. Sorprendentemente, lo tomaron con gran naturalidad. Como si supieran que tarde o temprano eso iba a pasar. Ellos sabían que cuando acabaran de pronunciar cada sílaba existente, en todas sus formas y combinaciones posibles, eso iba a suceder. Es por eso que siempre inventaban palabras, enunciaban frases extrañas y agregaban sonidos raros a su vocabulario; pero eventualmente, eso no iba a ser suficiente.

El Chamán del pueblo fue a examinarlos y concluyó que sí, en efecto, nunca más iban a poder emitir un sonido más de sus bocas. Él se lo atribuyó al desgaste de sueños y la imaginación forzada. Tantas noches creando historias y canciones para entretener a la niña los había dejado sin nada más que decir. Ya todo lo posible, imposible, con-sentido y sin-sentido, se había dicho en esas 2,191 noches.

Alba, a pesar de su corta edad, comprendió todo a la perfección. No derramó ni una sola lágrima y decidió poner a sus padres a dormir. Tendió su cama, acomodó las almohadas y les cantó canciones de cuna durante toda la noche hasta que ambos cayeron en un sueño muy, muy profundo. El frío de otoño calaba hasta los huesos y como el invierno se acercaba, Alba decidió comenzar a tejer una manta para mantener a sus padres abrigados durante los próximos meses.

Empezó con una bola de estambre y pedazos sobrantes que encontraba de tejidos viejos de su madre. Uno a uno, fue plasmando cada cuento y canción que había coleccionado en su memoria, para ir formando una manta que parecía tener su propia narrativa. Tomó tan solo un par de días para que ésta fuera lo suficientemente grande para cubrir a sus padres, pero la niña no paró. Las personas del pueblo, asombradas por la dedicación incesante de Alba (que tejía todo el día y por supuesto también de noche), le comenzaron a traer agua, comida y estambres de todos los colores para que la niña continuara. Alba se convirtió en la atracción del pueblo y empezó a ganar gran popularidad en las aldeas vecinas. “La manta más larga del mundo”, anunciaban.  Gente de todas partes llegaban a admirar la belleza de aquel objeto que contaba cuentos y cantaba canciones, con tan solo mirarlo.

Pasaron días, semanas, meses y la niña seguía tejiendo sin parar. Fue otro 8 de octubre, 6 años después de que sus padres quedaran mudos, que Alba terminó de capturar el último cuento y la última canción que tenía en su memoria. Concluyó el último punto de su tejido, guardó las agujas y los restos de estambre en el baúl más preciado de su madre y se fue a la orilla del río; dónde dicen que se acaba el mundo.

Nadie la volvió a ver. En el pueblo hay rumores de que se quedó dormida y en la siguiente luna llena, cuando la marea subió, la corriente se la llevó. Aunque nunca sabremos qué le pasó, ella siempre quedará en nuestra memoria. La manta que dejó era tan grande que podía abrigar a todo el pueblo, por lo que nunca nadie volvió a pasar frío en las noches de invierno.

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One thought on “La niña Alba

  1. Que linda sorpresa
    Querida Enara !

    Encontrar tu relato de la mano de las ilustraciones tu creatividad y el
    Mundo de la fantasía !

    Que cuentes tantos cuentos
    Como sonrisas llenen nuestros corazones !

    Te quiero y mucho

    💥💥💥💥

    Pepe

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