Una vuelta y otra

Por Gabriela García Landa

Me enfrenté a mí misma. A las decisiones de todos los días, a las mañanas heladas en las que entre la bruma y el cansancio calenté pulmones y cabeza, alcanzando un ritmo frenético e hipnótico que una vez logrado cobra vida propia.


Encaré a los días en los que la alarma no sonó, o en los que si sonó y preferí no escucharla. Competí contra aquellos momentos en los que mis sueños parecían monstruos inalcanzables con el poder de devorarme. Ahí en el tartán, una vez más, di una vuelta y otra, esperando dejar a mis demonios atrás, compitiendo contra los segundos, ganando tiempo… que siempre parece insuficiente. Comencé a construir mis alas, a fortalecer las piernas que sirven para agarrar vuelo. Cree una historia nueva -tejida dando vueltas por ahí, corriendo sin rumbo, ni sentido, sin lugar a donde huir-. Corrí por el gusto de lograrlo, por el gusto de existir, de cansarme, de reír un rato y después de ir a dormir.

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