La puerta de Naíf

Mito por Ángel Castañón Rivera. Doodle por Gabriela García Landa

–¿Nunca te has preguntado qué hay detrás de esa puerta? – preguntó Rino a el duende Naíf que buscó inmediatamente de dónde provenía aquel sonido. –Llevas toda tu vida asegurando a todo quién intenta pasar que del otro lado de ella se encuentran las peores bestias cuando en realidad nunca lo has comprobado.  –¿Quién eres tú, y cómo sabes que nunca he atravesado la puerta -replicó el duende Naíf cuando finalmente vió al pequeño escarabajo que se encontraba en un agujero al pie de la puerta. –Fácil. Porque llevo toda mi vida al interior de esta puerta, observándote y sé que nunca se ha abierto -. –Eso es mentira, eres un escarabajo grande y brillante, estoy seguro que te habría visto si lo que dices es verdad -.

–Lo que pasa es que recién he tomado esta forma. Por mucho tiempo fui una larva que se alimentaba de la madera putrefacta del interior de tu “protegidísima puerta” pero ahora, he logrado la metamorfosis y mi primera hazaña como escarabajo fue explorar el otro lado de la puer… 

–¡¿Qué?! ¡¿Haz hecho qué?! ¿Cómo es posible que pasaras al otro lado y sigas vivo? Las bestias tuvieron que haberte devorado de ser verdad – gritó Naíf asustado. –Pues eso, toda mi vida había estado a la mitad de la puerta, pudiendo ver lo que se encontraba atrás y adelante, ahora, me queda claro que iré hacia adelante, aunque para ti sea el “lado prohibido”. Si decides vencer tus miedos, tal vez te vea del otro lado -. Y sin más, Rino se metió por el agujero y desapareció. 

Naíf, dubitativo, cuestionó su vida, cómo nunca antes había pensado en asomarse al otro lado de la puerta, por qué debía mantenerse cerrada y por qué estaba prohibida sin explicación  alguna. Qué tenía aquella puerta de especial. Además, recordó haber escuchado alguna vez que las puertas se habían hecho para ser abiertas. Repentinamente Naíf sintió un vacío. Se sentía engañado, se vivía ignorante y algo ingenuo. Estaba sólo, no tenía nada que perder. Abrió las puertas, miró hacia adelante, sonrió y nunca más volvió atrás, Naíf se había liberado.

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