Resplandor

Por Alejandro Toussaint, arte por Gabriela García Landa

Abrí los ojos. No había más que luz. Duró solo un instante. Pero ese instante sería la eternidad. No quería ni siquiera parpadear. Necesitaba que la vida entera fluyera a través de todo mi cuerpo, de todas mis venas, de todas mis arterias, de todos mis pensamientos posibles. Y así fue. Me dividí y me multipliqué. Millones de caminos que se habían bifurcado convergieron en ese momento, para siempre. Era el comienzo y el fin de la historia. Era la perfección, la palabra más allá de la totalidad, la fragmentación que permite que los acontecimientos sucedan. Y entonces siguió la velocidad, los movimientos telúricos, los flujos de fenómenos relativos, las máquinas por todos lados, las metamorfosis que me conducían constantemente hacia un exterior. Ya lo sabía. Ya no tendría elecciones por hacer. Sería testigo de nuevos parajes en los que ya no habría códigos, ni imágenes, ni representaciones. Habría deseo y el abrazo más profundo de todos. Seguiré sin parpadear.

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