Niña luna

Narración poética e ilustración por Gabriela García Landa, edición por Rogelio Flores

Cuando era chica me dejaron
en compañía de pura Ausencia. 


Nos hicimos como hermanas.
Me enseñó a pintar mis penas, 
a escribir mis fantasías, a creerlas. 


Mientras más pasaba el tiempo
más parecidas nos hicimos.
A mí me llamaban niña luna…
la Ausencia y yo, éramos una. 


Yo de niña nunca tuve nada, 
solo una risa bizarra e inocente… 
que era mi razón de ser amada,
mi parte favorita, mi cuarto creciente.


Mi cara de chiquilla velaba a mi amiga, 
la ocultaba de otros ojos… de ojos malos,
pero a veces, hasta los míos no la veían.


Otros días, la Ausencia era muy fuerte,
me atosigaba y me robaba la alegría, 
me dejaba a oscuras, poco sonriente.


Algo muerta me sentía,
deambulaba… 
siempre en busca de energía. 
Como anciana, con melancolía.


Cuando me miraba en el espejo 
me asustaba el parecido con mi hermana.
Más que la ausencia, padecía el reflejo. 


Para evitarlo, busque a alguien 
que se enamorara profundamente de mi noche.
Que glorificara mis trucos de magia, 
que atesorara mis secretos y reproches. 
 
Cuando lo tuve, me armé de valor, 
pedí perdón a mi hermana… 
la dejé escondida en un cajón. 


Su ausencia fue peor. 


Me atormentaba tenerla aislada…
en las sombras, prisionera, amargamente sollozaba.
No me dejaba dormir en paz, 
me despertaban sus gritos, no aguantaba su añorar. 


Pero tenía miedo de sacarla, 
no sabía si estaba enfurecida, 
si había crecido 
y cruelmente me consumiría. 


Tampoco sabía si estaría muerta
y mi perdición sería su ausencia. 


Sin más remedio una madrugada… me asomé, 
llovía a cantaros, el cielo amenazaba,
con poca luz mi amiga se veía algo deformada. 


No era más grande, tampoco más débil.
Yo me había fortalecido, mas, dudosa le tendí la mano.
Me vio de frente y me besó sutil 
y lentamente. 


Me regaló un pañuelo usado y dijo: 
-estuve esperando, pero todavía es temprano-.


Lloré como los niños… sin reservas, un buen rato.
Y Ausencia, querida, se quedó quieta a mi lado. 


Prometí no abandonarla;
ella a cambio me dio espacio, 
para los sueños y el descanso. 


Me permitió buscar calor
y me dio su bendición… 
para encontrarme con el sol. 


Me dijo que sabía, que pronto amanecería
pero que en ella tendría siempre cobija,
que se asomaría en mi poesía,
en mi llanto y en mi risa.

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