Poema pagado

Por Sebastián Velasco Rallo, ilustrado por Daniel Atilano Casillas

Quisiera dejar de verte cuando me miro al espejo.
En donde sea que andes pareciera
que de mi cuarto no te has movido.
Quiero dejar de escucharte y por eso duermo.
Y entre las pequeñas luces
en donde tu rescoldo permanece,
ahí me acurruco
para quemarme
entre las ínfimas brasas.

He olvidado lo que eres,
y ahora en el libro en donde te leo
no hay nada.
Hay lirios,
hay luces apagadas,
hay gritos en la nieve.
Está Eros,
pero tú desapareciste.

Me dueles, reina mía,
tu color para mí ha sido todo,
y la lágrima que lo ha apagado,
aquí sigue latente.

Ella me quema
y corroe mis pulmones.
Con ellos apagados,
tu esencia
me deja respirar.

Quiero verte aunque no me mires,
quiero ser tus ojos al odiarme,
quiero que me devores para siempre,
quiero abrazar el hierro de tus golpes,
quiero tus insultos.

Tu cálido odio.

Tu presencia.

No me dejes y no me perdones si no quieres,
pero permite que te ame sin tenerte.

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