Como cadenas

El Chevy daba todo de sí, Jonathan ahora tenía la camisa llena de sangre, y la luz persecutora se acercaba cada vez más.
-Mi amor, no me vayas a dejar. No ahora. No así…
Jonathan comenzó a balbucear algo. Esto llenó los ojos de Paola de lágrimas, pero no se podía permitir llorar en este momento, si no lograba llegar a la caseta de federales a la entrada de Texcoco, era posible que no vivieran para el siguiente día.